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27 May Y AHORA QUIEN PODRA AYUDARME EN ESTE CONFLICTO - por: Antonio Sanclemente
El conflicto entre seres humanos es tan antiguo como la misma existencia del hombre. Ha existido siempre y va a continuar existiendo. El conflicto es inevitable. El conflicto se manifiesta en el choque de dos personas o grupos de personas que reflejan actitudes antagónicas nacidas de lo más íntimo de la personalidad de cada ser humano. Estas actitudes representadas en comportamientos o conductas que son incompatibles entre sí en una situación dada, se originan por diferencias en intereses, sentimientos, metas y ó principios entre los involucrados en el conflicto. Si estas diferencias son percibidas como amenazas, y no se les da el tratamiento adecuado, entonces estas van a trascender en malentendidos, desacuerdos, pasando luego por discordias hasta culminar en la polarización del conflicto, situación en la cual ya no son dos las personas que intervienen en el, sino que han arrastrado a otras consigo mismas, deteriorando las relaciones personales de grupo, produciendo efectos negativos en la productividad, el crecimiento, el ambiente general de la empresa. Hay una característica muy particular que atañe al conflicto. Está naturalmente relacionada con la persona que se halla en posición de autoridad. Es por lo tanto un desafío para el líder responder constructivamente a las diferencias que resultan por malas comunicaciones, malas percepciones o malas interpretaciones entre sus dirigidos y por supuesto entre el líder y las demás personas. Pero no todo es malo en un conflicto. El lado bueno es que un acertado manejo del conflicto puede traer cosas positivas para la organización y puede ser el cultivo para innovaciones, nuevas estrategias, nuevos desarrollos, etc. De ahí la importancia para que el líder adquiera las habilidades apropiadas para la resolución efectiva de los conflictos en una organización. Conocer las dinámicas del conflicto, estar consciente de sus propias reacciones al involucrarse en un conflicto, y promover respuestas constructivas en el conflicto y al mismo tiempo desarticular toda respuesta destructiva que potencialmente encienda las llamas del mismo, son habilidades que debe poseer toda persona que se desempeñe en una posición de autoridad. Existe un enfoque muy positivo a tener en cuenta antes de que suceda un conflicto con sus amenazadoras consecuencias. John C. Maxwell nos invita a cultivar unas relaciones interpersonales muy efectivas entre el cabeza del grupo y sus colaboradores: “Modele Integridad con todo aquel que usted entre en contacto, valore a las personas de su vida para hacerlas sentirse amadas, demuestre fé en otros para que ellos crean en sí mismos, escúchelos para construir relaciones fuertes, entiéndalos para ayudarlos a alcanzar sus sueños, amplíeles su perspectiva para elevar su potencial, camine con ellos para que ellos puedan hacerlo por sí mismos posteriormente, intégrese con ellos para elevarlos a un nivel superior de influencia, enpodérelos para que sean las personas para la cual fueron creadas y reproduzca otros líderes para que su influencia continúe creciendo a través de otros”. La Biblia nos habla sobre aspectos que debemos cuidar al decidirnos por el lado constructivo dentro de un conflicto: Proverbios 15:1: “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor” Proverbios 10:9: “El que camina en integridad anda confiado; Mas el que pervierte sus caminos será quebrantado” Mateo 12:34: “Porque de la abundancia del corazón habla la boca” Filipenses 2:3,4: “Estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”Eclesiastés 4:9-10: “Mejores son dos que uno; porque tiene mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero, pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante” 22 May LUCHAR, VOLAR O QUE COSA - por: Jim Mathis
Hace algunos años, en una clase de psicología, aprendí que frente a los conflictos las dos reacciones posibles eran: “luchar” o “volar”, una elección entre huir del problema o enfrentarlo. Desde entonces he observado que correr o pagar con la misma moneda parecen ser las respuestas más naturales. Pero, ¿será que son las respuestas correctas? Jesús ha sido visto frecuentemente como radical, de muchas maneras, y es así también en nuestros días. Al contrario de los psicólogos, él sugirió una respuesta diferente para los conflictos: “Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Si alguien te pone pleito para quitarte la capa, déjale también la camisa. Si alguien te obliga a llevarle la carga un kilómetro, llévasela dos.” (Mateo 5:39-41) Él estaba sugiriendo que, respuestas así, son la única manera de transformar conflictos en relaciones positivas. Los conflictos forman parte de la experiencia humana y ocurren en todos los niveles: familias, amigos, trabajo, política, relaciones internacionales, e inclusive en la esfera religiosa. La manera de lidiar con los conflictos dice mucho de nosotros, revelando nuestro carácter y estatura en la sociedad. No importa el ambiente, las reglas establecidas para la solución de conflictos son las mismas. Tal vez por eso la enseñanza de Jesús de cómo lidiar con los conflictos parezca tan contraria a nuestras reacciones naturales. Puede parecer radical, pero también puede ser liberador. Stanley Marcus, fundador de las lujosas tiendas Neiman Marcus, contó la historia de una mujer que fue a una de sus tiendas reclamando que las llantas de su carro se habían gastado antes de tiempo. El gerente le explicó que la empresa no vendía llantas y que ni siquiera tenía un departamento automotriz. La mujer insistía que había comprado las llantas en aquella tienda y exigía el cambio inmediato. Aunque tenía todo el derecho de refutar el reclamo, Stanley Marcus mandó que le compraran un juego de llantas nuevas y como si no bastase, también pagó por el cambio de aceite. El no tenía que hacerlo, pero ese tipo osado de servicio al cliente hizo de su cadena de tiendas una leyenda, con una base de clientes extremamente fieles. Parece que a nuestro alrededor siempre hay personas huyendo de los problemas, en vez de perseverar y lidiar con ellos. Otros escogen pelear constantemente, y tomar retaliación ante la injusticia. Pero Jesús sugirió una tercera opción, en vez de huir o luchar, es mejor reaccionar con amor y comprensión. Esta es la mejor de todas las opciones. Una observación similar fue hecha por el rey Salomón, conocido como el hombre más sabio de todos los tiempos. Él observó que, en vez de responder con ira a una persona airada, “La blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor.” (Proverbios 15:1). Responder a un comentario duro o a una ofensa grave, de manera gentil, es la verdadera marca de carácter. De las tres posibles respuestas a un conflicto verbal, responder con amor y bondad es la más difícil y exige una mayor fuerza y dominio propio. En el mundo empresarial aprendí que responder a un problema con amor y comprensión es el medio ideal para desarrollar la lealtad del cliente. Es fácil reaccionar y pelear cuando el cliente reclama injustamente. Pero si él le pide que “camine un kilómetro más” y usted hace más, probablemente ganará un cliente y amigo para toda la vida. En el restaurante en el que soy gerente, he tenido clientes reclamando que el café no estaba suficientemente caliente, inclusive cuando yo había comprobado que estaba a la temperatura recomendada. Siempre que esto sucede, en vez de discutir, simplemente pido disculpas y caliento la bebida un poco más. Como decía Stanley Marcus: “El cliente siempre tiene la razón”. Lo que él quería decir es que si usted trata al cliente como si él tuviese la razón, aunque no la tenga, el resultado podrá sorprenderlo. 14 May VOLANDO CON FE EN UN MUNDO INESTABLE- por: Rick Boxx
Imagine sus manos firmemente agarradas al asta del trapecio mientras usted mira hacia el suelo, 25 metros abajo. Al respirar hondo y lanzarse de la plataforma del trapecio, usted expulsa toda la duda de su mente: duda si su compañero de acrobacias está preparado o no para cogerlo cuando sea necesario. Balanceándose cada vez más alto, usted llega al momento crucial de definición, ¿va a soltar las manos del trapecio, dejando total control sobre el resultado, o continuará agarrándose para retornar a la plataforma decepcionando al público y a su equipo de acrobacias? Soltando las manos usted estará demostrando la fe que tiene en su compañero y que su sentido de oportunidad y el momento de cogerlo serán perfectos. Sus esperanzas pueden estar basadas en sus experiencias pasadas, pero este momento todavía está sucediendo. Al mirar el desempeño, hace algún tiempo, del Circo du Soleil, fui testigo de esa increíble cena en pocos instantes. La fe exigida de los participantes y la precisión de su control fueron igualmente impresionantes. El libro de Hebreos (11.12), en la Biblia, nos dice: “Es pues la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven.” Muchos de nosotros somos confrontados con decisiones que exigen el ejercicio de una cierta medida de fe, aunque no sea exactamente volar en un trapecio a 25 metros del suelo. El foco de nuestra fe puede estar en delegar a un empleado algo que él podría hacer tan bien como nosotros lo haríamos. O quien sabe, involucre la construcción o compra de nuevas instalaciones para su empresa, sin que haya garantías que las ventas serán suficientemente grandes como para cubrir los costos cuando la obra estructural esté completa. En el mundo de los negocios, y más que nunca en el siglo XXI, cada día se presentan riesgos que exigen cierto grado de fe. Es claro que usted podría aferrarse a aquellas pocas cosas que parecen seguras, evitando inseguridades, pero eso podría llevar al desastre. Si usted evita el riesgo, puede estar seguro por un tiempo, pero probablemente más tarde van a presentarse serios contratiempos. Dar un salto de fe, por otro lado, puede traer grandes recompensas y un futuro brillante. Grandes líderes, grandes empresas y grandes realizaciones resultan de la disposición para actuar con fe, inclusive a veces cuando los hechos parecen contrarios a las decisiones definitivas. Si usted está enfrentando un momento decisivo en su emprendimiento, profesión o en su vida, considere cuidadosamente de que o de quien depende su fe, y esté listo para soltar la barra del “trapecio”, en una demostración de confianza en lo que deposita su fe. Es por ese motivo que millones de personas, hombres y mujeres, comienzan cada día de trabajo con oración, expresando su fe en Dios, aquel que conoce con perfección las cosas por las cuales podemos esperar, aquel que claramente ve las cosas que nosotros no podemos ver. Las oraciones de esas personas no reflejan fe en aquello que deseamos sea verdad, sino en la confianza y la seguridad de que el Dios al que adoran y sirven es fiel y guiará sus pensamientos, palabras y acciones. Josué asumió la gran tarea de liderar dos millones de personas después de la muerte de Moisés. Si hay alguien que ya se sintió desafiado por la confianza en las cosas que esperaba y por la seguridad de aquellos que no podía ver, éste fue Josué. Sin embargo, Dios repetidas veces le dijo: “Sea fuerte y valiente”. ¿Cómo Josué podría hacer eso? Dios le dijo como: “ Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en dondequiera que fueres” (Josué 1:9). 09 May PLANEANDO FUTURO MIENTRAS VIVES EL PRESENTE - por: Robert J TamasyPLANEANDO EL FUTURO MIENTRAS VIVES EL PRESENTE Por Robert J. Tamasy Cuando ingresé por primera vez al mundo de los negocios y a la vida profesional por allá en los años 70s , los ejecutivos hablaban de hacer planes de largo plazo para diez o más años. Ellos querían saber donde estarían sus compañías y organizaciones después de transcurrida una década. Sin embargo, estas proyecciones hacia el futuro cesaron de hacerse, cuando los líderes reconocieron el paso acelerado del cambio. Eventos ocurridos en un solo día podían dar al traste con cualquier proyección. Por supuesto que la tecnología lideró este movimiento. Esperar documentos por correo durante algunos días fue cosa del pasado. Entrega por correo inmediata se volvió muy común. El fax permitió la distribución de la información al instante, y el Internet reemplazó al fax rápidamente. El computador cambió la manera de realizar negocios, reemplazando personal, incrementando la carga individual de trabajo, en fin aumentando la productividad empresarial. La globalización introduciría aún unas reglas nuevas de juego. Casi de la noche a la mañana, las proyecciones cuidadosamente ejecutadas se convirtieron en obsoletas, dando paso a las de una duración de tres años y hoy en día se cree que aún las proyecciones de doce meses son de carácter especulativo. No sabemos a ciencia cierta que cambios nos deparará el mercado mañana. Basta observar los cambios repentinos de un día para otro en la bolsa de valores para recordarnos de lo efímero que es darle mucho mérito a los planes de largo plazo. Hemos visto subir los valores promedios de la bolsa por un determinado espacio de tiempo, para luego verlos caer abruptamente debido a una “corrección” en el mercado. La sabiduría convencional nos advertiría,” planea para el futuro pero a tus expensas”. Esto no quiere sugerir que planear no tiene sus méritos. Por el contrario, llegar al trabajo diario sin un plan de cómo vas a usar el tiempo no tiene ningún sentido. Y necesitamos planear hasta cierto grado- reuniones importantes para la semana entrante, viajes para el siguiente mes, conferencia para asistir durante el año en curso, como también qué vamos a hacer con los productos y servicios que ofrece nuestra compañía. Continuaremos con los mismos? Es tiempo de introducir algunos cambios para mantener nuestra participación de mercado o aumentarla? Tal vez ha llegado el tiempo de movernos en nuevas direcciones? Aunque la metodología ha cambiado, siempre habrá que planear. En efecto la Biblia nos habla de los pro y contra de planear No planees para el futuro a expensas del presente. Todos tenemos una gran tendencia a anticiparnos al futuro, pero cada día trae sus propias sorpresas. Debemos estar preparados para afrontarlas, ya que si no lo estamos podemos poner nuestras expectativas futuras en alto riesgo. Proverbios 27:1 “No te jactes del día de mañana; porque no sabes qué dará de sí el día” No te preocupes por planes futuros, cuando el presente muestra suficiente con sus propios problemas. Una de las realidades acerca de las preocupaciones es que las cosas con que nos preocupamos posiblemente nunca suceden. Así que gastamos energía mental innecesariamente, que debiera canalizarse en atender las necesidades presentes. Mateo 6: 34 “Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” No planees sin tomar en cuenta la influencia divina. Usualmente planeamos como si tuviésemos el control total sobre el resultado, pero en realidad existen muchos factores que influyen sobre el resultado final. Para aquellos que creemos firmemente en que Dios está involucrado en los asuntos de la humanidad, su Voluntad es el más alto y preciado factor a tener en consideración. Proverbios 16:9 “El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos” 01 May TRISTEZA: PUERTA PARA LA ALEGRIA
Tristeza: Puerta Para La Alegría Por Robert Tamasy Hace algún tiempo un sabio hizo una observación que me dejó pensando durante días: “La tristeza es la puerta para la alegría y la aflicción es el camino para la paz”. ¿Qué será, qué quiso decir con “la tristeza lleva a la alegría y la aflicción a la paz? ¿Cómo eso es posible? Si hay algo que tratamos de evitar siempre es la tristeza y la aflicción. En la medida en que consideraba esa afirmación paradoxal, llegué a otra conclusión que parecía ser el resultado de: “El éxito incesante es el camino para el orgullo y para la arrogancia”. Si la tristeza, aflicción y fracaso pueden servir para conducirnos a la alegría, paz y humildad, entonces será que el éxito, intocado y no controlado por los contratiempos de la vida, nos llevará a ser engañados por nosotros mismos, deleitándonos en nuestras realizaciones y esclavizándonos. Recientemente entrevisté a un hombre que por el hecho de que su padre inculcó en él una vigorosa e inflexible ética profesional durante su formación, declaró: “Yo honestamente creía que no podría fracasar, si trabajase duramente”. Pero llegó el día en que él fue forzado a admitir: “fracasé, sin importar cuanto haya trabajado arduamente y fui incapaz de revertir mi terrible situación”. Esta crisis, como se reveló, probó ser una profunda y maravillosa experiencia de aprendizaje para ese líder, que al final transformó su manera de pensar sobre los negocios y revolucionó su perspectiva sobre los que trabajaban para él. El fracaso no disminuyó el valor que él atribuía al trabajo arduo y diligente, pero por primera vez él fue capaz de reconocer sus propias limitaciones. Aún más importante: él se dio cuenta que necesitaba confiar en Dios para darle sabiduría y fuerza, que no podría alcanzar por sí mismo. La Biblia habla claramente sobre esas cuestiones: la alegría envuelta por una capa de tristeza y fracaso iluminando la vereda del éxito. La alegría toma el lugar del dolor cuando el objetivo es alcanzado. Sea en los negocios, en la vida familiar o en las búsquedas personales, experimentamos el sufrimiento y la aflicción en el proceso de búsqueda por objetivos. Jesucristo comprendió eso hablándole a sus seguidores sobre las agonías que enfrentarían, él usó una analogía del parto: “La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser” (Juan 16:21). El sabía que aunque ellos fuesen a tener un intenso sufrimiento por su muerte, esa tristeza sería después substituida por alegría sin límites. “Lo mismo les pasa a ustedes; ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán y nadie les va a quitar esa alegría” (Juan 16:22). El fracaso revela donde encontrar el verdadero éxito. Siempre aprendemos más con el fracaso que con el éxito. Este puede resultar de factores fuera de nuestro control, que van de la simple suerte de estar en un lugar correcto en la hora correcta, o del trabajo arduo e iniciativas. Pero al fracasar, parece fácil apuntar la causa. Si fuimos honestos descubriremos que la causa para el fracaso puede estar en nosotros mismos. David Entendió: “Cuando me sentí seguro, exclamé: Jamás seré conmovido… convertiste mi lamento en danza; me quitaste la ropa de luto y me vestiste de fiesta” (Salmo 30:6-11). Viviendo en un mundo tangible somos tentados a confiar y depender de nuestra empresa, posición, posesiones materiales, habilidades y fuerzas innatas. Pero, cualquiera de ellas puede perderse en instantes. La única ancla confiable e inamovible es Dios. |
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