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En el mundo actual, los beneficios de una cultura prevaleciente de "tolerancia" han sido desplazados por una trampa notable. Ha sido común e incluso popular, el aceptar a las personas y las situaciones con las que ellos contienden. "¿Quién soy yo para juzgar?" es la respuesta típica a alguien que lucha con esa conducta destructiva. No es un problema de "juzgar," sino de confrontar con mucho cuidado a las personas que obviamente se están dañando ellos mismos y a aquéllos que están a su alrededor.
En nuestra búsqueda de ser "tolerantes," ha habido un inusual incremento en querer encontrar a alguien deseoso de confrontar a los demás con sus acciones, e incluso para reprender a una persona caprichosa. Algunas personas dirían que será cuando deba de hacerse, que no debemos de involucrarnos en los asuntos de otros, no importa cuáles sean esos problemas. Por esta razón, me intrigó cuando un amigo me habló de una situación que estaba creciendo en su vida.
Este hombre a quien llamaré "Jim" había estado hablado durante semanas con varios otros hombres bajo su responsabilidad acerca de su forcejeo con el alcohol - que en lugar de controlar su bebida, ésta parecía estar controlándolo. Él no estaba hablando de tomar una bebida ocasional o dos en un reunión; estaba convencido de que ésta se había vuelto un ídolo - un adicción, una fuerza que controla su vida. Cada semana él se quejaba con sus "socios" del trabajo que él quería dejar de beber, pero continuaba bebiendo.
Después de varias semanas de oír repetidamente la queja de Jim, uno de sus compañeros a quien llamaré "Rob," finalmente se frustró por las promesas vacías de Jim y de sus buenas intenciones.
Confrontándolo, Rob preguntó, "Jim, ¿realmente quieres dejar de beber?" Jim le aseguró que él sí quería. Después de una pausa breve, Rob desafió a su amigo: "No sé lo que haces. Todas las semanas oigo la misma vieja historia, sin ningun resultado. Permíteme hacerte una pregunta: ¿Tienes licor en casa?"
Jim dudó cuando él contestó, "Sí."
Aquí es cuando Rob golpeó más duro: "¿Cómo piensas que puedes dejar de beber si no dejas la tentación fuera de casa? Necesitas destruir cada gota de alcohol de tu casa. Hasta que estés deseoso hacer eso, no creo hables en serio."
Suena duro, ¿no es así? - y no muy "tolerante". ¿Tendría usted el valor para confrontar a alguien directamente, tanto si el problema es la bebida, el juego, la deshonestidad, o una conducta contraproducente? Rob lo hizo, y agradecidamente, su reproche firme pero cuidadoso tuvo el efecto deseado. Jim fue a su casa esa misma tarde, vació las botella de alcohol que tenía y las destruyó. Ése fue el principio del fin del forcejeo de Jim con la bebida. Hoy él celebra años de sobriedad - y de una vida libre de la esclavitud del alcohol. |